Cinco modelos de ciudad

27 Jan 2021
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Según la ONU, más de la mitad de la población del planeta vive en ciudades y para 2050 la cifra superará dos tercios del total de gente. Esta tendencia hace necesario que los centros urbanos se conviertan en focos de innovación para que las generaciones futuras puedan tener una vida mejor. Es por eso, que se han planteado a lo largo de los últimos años varios modelos de ciudades. Entre ellos se encuentran los siguientes:

Con el auge de la construcción ecológica, se ha prestado atención al diseño biofílico: diseño de viviendas, oficinas o espacios de trabajo con abundante luz natural, vistas al exterior, ventilación natural, vegetación interior, materiales naturales, entre otras características. Esto se traslada en conseguir que áreas metropolitanas tengan estas características, lo que se conoce como Ciudades Biofílicas. Es decir, ciudades que presentan un diseño urbano que permite a los habitantes desarrollara actividades y tener un estilo de vida conectado con la naturaleza, aprender de ella y comprometerse con su cuidado.

Para conseguir este propósito, se necesita tener una visión de las ciudades que ponga la naturaleza en el centro, no en la periferia, y que de una forma útil y positiva esboce los tipos de lugares y comunidades en los que se quiere vivir y trabajar. En un esfuerzo para amplificar y expandir esta visión, en el año 2013, Timothy Beatley creó la Red Mundial de Ciudades Biofílicas, en la que hoy en día hay alrededor de 20 ciudades. Y la cifra va en aumento.

El proyecto “La Ciudad de los niños” nace en Fano (Italia) en 1991, de una idea del psicopedagogo Francesco Tonucci, con una intención política concreta: promover el cambio de los parámetros de gobierno de la ciudad poniendo al niño en el lugar ocupado por el adulto trabajador, que se desplaza en coche. Los niños asumen un papel activo en el proceso de cambio participando de forma concreta en el gobierno y en la delineación de la ciudad, apropiándose de nuevo del espacio urbano.

Lo que se pretende con esta iniciativa es que los alcaldes utilicen al niño como parámetro de gobierno de la ciudad significa, para intentar detener el proceso degenerativo que arremete contra el ambiente urbano. De esta manera, se adopta un punto de vista diferente y progresista sobre las prioridades en las decisiones políticas de la administración.  Esto es así porque se pasa de una gestión que favorece a los automóviles a otra que favorece a los peatones y permite la recalificación de la ciudad bajo todos los puntos de vista: el refuerzo del tejido social, la pertenencia, la seguridad y la sostenibilidad.

Hoy en día, más de 200 ciudades de todo el mundo participan en la red, otorgando a los más pequeños un papel activo en el gobierno y devolviéndoles el espacio urbano que necesitan para poder disfrutar, al igual que los adultos, de su ciudad.

La ciudad inteligente, también conocida como Smart City, es aquella que utiliza el potencial de la tecnología y la innovación para promover de manera más eficiente un desarrollo sostenible. También busca facilitar la relación de los ciudadanos con las instituciones, fomentar la gobernanza participativa y mejorar temas como la educación, la sanidad o la seguridad.

Las ciudades inteligentes cuentan con numerosas ventajas, entre las que destacan:

  • Contribuir a la mejora del medio ambiente.
  • Ahorrar costes a sus ciudadanos.
  • Optimizar los servicios públicos.
  • Mejorar la transparencia en la gestión de las administraciones.
  • Conseguir retener empresas y atraer talento.
  • Mejorar la comunicación con los ciudadanos.

Cabe señalar que gigantes tecnológicos como Google, Amazon, Microsoft, Toshiba o Cisco están apostando por la construcción de ciudades inteligentes en diferentes lugares del mundo, ya que este modelo de ciudad incorpora muchos de los avances tecnológicos desarrollados por estas compañías.

La Ciudad de los 15 minutos o Ville du quart d’heure es el nombre del proyecto de Carlos Moreno, director, científico y catedrático de Emprendimiento, Territorio e innovación de la universidad Sorbona de París. Está inspirado en otras investigaciones y aportes, como el de la periodista Jane Jacobs, quién argumentaba que la proximidad es la clave para hacer que las ciudades tengan más vida.

El concepto del plan es que cada persona pueda hacer las necesidades urbanas diarias, es decir, todo lo referente al trabajo, hogar, tiendas, entretenimiento, educación y atención médica, dentro de un radio de 15 minutos a pie o en bici.

Los espacios urbanos basan su diseño, mayoritariamente, en el sujeto privilegiado del neoliberalismo: el hombre blanco, adulto y adinerado, que va de casa al trabajo y del trabajo en casa. Durante los años setenta, se empezó a teorizar e indagar sobre el urbanismo feminista, que no empezaría a aplicarse hasta los años noventa. Este no solo se centra en las mujeres, sino que también se centra en pensar quién vive allí, cómo lo hace y qué necesidades hay en los territorios que habitamos. Por lo tanto, el urbanismo con perspectiva de género quiere poner en el foco de las políticas urbanas las necesidades de las personas.

Sin embargo, todavía queda mucho por hacer y aunque muchos centros urbanos de todo el mundo estén experimentando con pequeñas intervenciones, la ciudad feminista sigue siendo una utopía.

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