Hacia una arquitectura feminista

8 Mar 2019

La arquitectura sigue siendo uno de los campos en los que existe desigualdad de género: en Europa, se estima que el 31% de arquitectos son mujeres y en Estados Unidos, la media baja a un 18% aunque casi la mitad de estudiantes de arquitectura son mujeres. A pesar de que el número de mujeres ha ido aumentando de forma gradual, lo ha hecho principalmente en los peldaños más bajos de la profesión.

Con este dato, no sorprende que el porcentaje de mujeres en la arquitectura disminuya de manera radical a medida que se asciende a las posiciones más importantes y a los honores prestigiosos. Las mentoras y los modelos femeninos a seguir son escasos: la gente solo conoce a Zaha Hadid y poco más. Esto es un indicio de que las mujeres podrían estar poco valoradas. Por no hablar de la brecha salarial: ellas cobran menos que los hombres ocupando el mismo cargo.

Por todo esto, nace la necesidad de crear una arquitectura feminista; un movimiento que reivindique el lugar de la mujer en la arquitectura, ya que aunque la situación ha mejorado en los últimos años, sigue habiendo mucho por hacer: la mujer tiene un papel anecdótico, que se limita, en numerosas ocasiones, a imitar las formas y metodologías impuestas por el género masculino.

Ya hay mujeres arquitectas que se han interesado por el feminismo. Susana Torre ha trabajado sobre arquetipos simbólicos en el diseño arquitectónico contrastándolos y observando cómo se corresponden con las ideas definidas culturalmente de masculinidad y feminidad. Dolores Hayden, en la línea del Nuevo Urbanismo, publicó HOMES (siglas que corresponden a Organización de Amas de Casa para una Sociedad más Igualitaria en inglés). Este fue un proyecto urbanístico utópico que iba acompañado de un programa y una propuesta de diseño que se publicó en un artículo titulado ¿Cómo sería una ciudad no-sexista? Otras mujeres como Ghislaine Hermanuz o Jane Jacobs han planteado nuevas ideas sobre el diseño del hogar para transformar el ambiente doméstico.

En los últimos años, numerosas arquitectas se sumaron al movimiento Me too (#Yotambién) para reivindicar sus derechos, y han participado en proyectos urbanísticos tratados desde una perspectiva de género, como es el caso de Zaida Muxí. Poco a poco, el cambio cultural se está dando y es este el camino que ha de seguir la arquitectura si quiere evolucionar dentro de un nuevo contexto político y social en el que cada vez más el empoderamiento de la mujer está ganando peso e importancia.

Aquí en nuestro país, existe la Asociación de Mujeres Arquitectas de España (AMAE), presidida por Inés Sánchez de Mandariaga, que promueve políticas de igualdad en todo el ámbito de la arquitectura, así como la realización de informes y estudios sobre las situaciones de desigualdad que afectan a los derechos de las mujeres para poner fin a la discriminación por razón de sexo en este campo. Como dato, cabe destacar que la arquitecta española que más reconocimiento ha recibido a lo largo de su trayectoria por sus obras es Carme Pinós.

Desde ISOPAN, y coincidiendo con la celebración del Día de la Mujer, queremos ver a más mujeres mostrando sus proyectos  y recibiendo el reconocimiento que merecen por su trabajo. Deseamos que se les dé una visibilidad valiosa por la contribución que  hacen cada día en el ámbito de la arquitectura.

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